No dejemos que se seque

Ya hace mucho que no vienes. En mi situación es difícil medir el paso el tiempo, pero en cuanto siento que más desaparezco, más me doy cuenta de lo larga que ha sido tu ausencia. Quisiera tener otro motivo para existir que no fuera el estar pendiente de tu regreso, pero me he fundido tanto con tu personalidad que mi consciencia no puede estar ya sin ti. A veces trato de volver a mis pensamientos, pero irremediablemente los encuentro aburridos y me parecen tan vacíos que por eso he puesto mis esperanzas en tu retorno. Espero que aún no te hayas rendido, que hasta sigas deprimido, pero, que con eso, aún estés dispuesto a continuar dando batalla. Si te dejas vencer, amigo, no sé qué será de mí… y también de ti. Ojalá vuelvas pronto.

Alguien está cerca ¿Serás tú? No, no lo eres. Siento una mano suave y delicada que me levanta y me sacude, luego me llena de frescura. Parece que hoy tampoco vendrás, pero al menos tú mujer alegrará un poco mi día. Si supieras todo lo que piensa de ti y que, al igual que tú, también sufre mucho con todo este enredo en el que se metieron. Te quiere, tanto como tú a ella, pero creo que eso ya lo sabes, o bueno eso esperaría porque si no ¿Porque se siguen negando el cariño que ansían del otro?

Me acuerdo la primera vez que yo te sentí. Lentamente se fue modelando una marea invisible en mi interior. Primero tuve el conocimiento de mi propia existencia, luego me supe como un objeto que tu creaste para tener un propósito, y fui feliz así. En ese primer contacto rebosabas de tanta vitalidad y alegría que cuando me levantaste, mucho de ti pasó a vivir en mí. Entonces poco a poco mi criterio fue absorbiendo el tuyo. Así entendí que yo era fundamental para el regalo que le dabas desde el fondo de tu ser la mujer que amabas. Luego la conocí a ella, quien me contagió de su cariño correspondido. Me acostumbré al calor de sus sentimientos, a su determinación y a saber que los tres éramos parte de algo inmenso.Pero algo pasó, algo horrible me imagino, aunque por lo que siento en ustedes más bien fue lo que no pasó lo que los ha lastimado. Como sea que fuera, la distancia fue abriéndose entre ustedes y cada vez me fueron visitando con menos frecuencia. De los dos tu fuiste el más desaparecido. Si, a veces venías y tratabas de ser como en los primeros tiempos, tenías esa voluntad de no dejar morir las cosas, pero también estabas desgarrado por dentro y casi resignado a que las cosas iban a terminarse. Tú llorabas, ella lloraba y con ustedes también lo hacía yo. Simplemente no puedo concebirlo, pero sé que el día que me dejen de tocar se habrá acabado todo. Yo no quiero que eso pase ¿Porque no le dan a lo bonito una segunda oportunidad?

Por favor, luchen. Yo solo soy una regadera y no puedo saber más de ustedes que ustedes mismos. Si aún se quieren, peleen por ello: el amor de verdad no sabe de orgullos. No dejemos que se seque nada.

Deja un comentario