Stavraki

Stavro, es el hombre que termina volviéndose el protagonista de la novela Kyra Kyralina. El narrador de la novela es Adriano Zograffi, que es el alter ego del escritor: Panaít Istrati. Adriano, es un muchacho que siente mucho cariño por Stavro, quien es un familiar lejano por parte de su madre. Stavro es un hombre maduro, rondando los cincuenta años. Es rubio y de ojos azules pero sus rasgos no son los típicos de un rubio europeo, porque él es de ancestros rumanos, griegos y turcos, su fisionomía es una combinación de varias culturas, como su vida y entorno. El invita a Adriano a que lo acompañe a una feria a vender limonada, para ello tiene un plan con un panadero para una alianza de dudosa moralidad. El panadero pondrá sal extra a sus bollos de tal forma que los clientes se pongan sedientos y para ello Stavro estará convenientemente a un lado dispensando su limonada. Esto sirve de precedente para describir las artimañas y el estilo pragmático con el que vive Stavro, pero no es así a propósito, no al menos todo el tiempo, a veces bufón y otras un sabio que se pone muy serio en determinados momentos. La verdad es que tiene tendencia a encerrarse en sí mismo, volviéndose todo un misterio. En la noche de descanso del primer día en la feria él manosea a Adriano. El otro compañero que los acompañaba lo descubre y a punto de golpearlo, Stavro empieza a contarles su vida. Esta narración termina convertida en el hilo principal de la novela.

Stavro nació como el hijo menor de una rumana adinerada. Tiene una hermana llamada Kyra Kyralina. Esa es su familia nuclear, aunque su padre que es un herrero y su hermano mayor, viven en el mismo pueblo, ellos no se llevan para nada. El padre y el hermano son severos, volcados al trabajo y la violencia, su desprecio por los otros tres es evidente, y ellos llegan a la elegante casa en que viven solo para golpearlos y maltratarlos, sólo después de saciar sus sádicos impulsos regresan al taller ¿Qué porque odian tanto a Stavros, Kyra y la madre? Pues esto es porque la mujer disfruta de la belleza inigualable que tiene en su cuerpo y ella lo dice así, que nació para vivir de los placeres, pero pese a su hedonismo, ella ama con ternura a sus hijos. Kira nació igual o hasta mas hermosa que la madre. Casi a diario reciben visitas en la casona de multitud de hombres que están embobados con la belleza de la madre y la hija. Stavros aprende a vivir en ese mundo y sus días son fumar narguilés, hacer danzas a los visitantes y complacerlos. Stavros empieza a celarse de los hombres que asedian a su madre y sobre todo a Kyra. Es el único mundo que conoce el muchacho y así se ha enamorado de su hermana a quien a cada año nota más y más hermosa.

Pero no todo puede continuar en el idilio. Un día en un arranque más violento de lo habitual, llega el padre y el hermano del taller y los descubren en medio de una fiesta. La madre es golpeada con brutalidad y luego encerrada en un ático. Stavros y Kyra apenas y pueden salvarse. A la mañana siguiente encuentran totalmente deshecha a la madre quien apenas y puede pararse, ahí decide ir a Estambul a curarse, porque dice que no soportaría existir sabiéndose fea, pero como sabe que ahora la vida de sus hijos peligra, decide mandarlos a otro lugar, darles dinero y decirles que sus tíos, unos bandoleros, llegarán a cuidarlos.

En la nueva villa viven un tiempo los niños, y habituados a las riquezas y al encierro, descubren de a poco como es el mundo. Un día, un mercante turco, se ofrece a darles un paseo por las orillas del Danubio y ellos en su ingenuidad acaban aceptando. El hombre resulta ser un traficante quien acaba vendiendo a Kyra y se queda a Stavros para su propio beneficio. Algunos años después, siendo el muchacho todavía, logra escapar del turco y emprende la búsqueda de Kyra y de su madre encontrando fortuna y desventura por el camino…

Hice toda esta introducción porque no me pareció justo definir lo que me gustaba de Stavros si antes no ponía un poco de contexto. El personaje me gusta mucho, porque desde el principio no está descrito como alguien perfecto. Ha llevado una vida turbulenta y no pretende justificar sus conductas, solo describir el camino tortuoso que ha padecido y dejar al oyente la sugerencia de todo lo que lo ha trastornado.

Desde el inicio de la novela, en la parte que se inicia a describir la infancia de Stavros hasta el final agridulce y abierto del libro, hemos de atestiguar la progresión de vivencias que el muchacho experimenta en un mundo enclavado en una rica mescolanza de culturas y sensuales ambientes orientales, dónde lo exótico y lo pueblerino se funde en un desfile de personajes difíciles de olvidar. Y lo que vive Stavros después de su separación con Kyra es un hilo de situaciones que van golpeando de realidad a la vida inocente del muchacho. Así aprende a juzgar a la gente, a desconfiar de las buenas intenciones y a conocer la verdadera naturaleza del mundo. Toda el libro es eso, un viaje que cambia y transforma al personaje y es tan natural la trasformación que se siente la unión con el mismo escritor, que ya investigando usó parte de sus recuerdos y experiencias en la mismas ciudades para darle una increíble cimentación a todo.

Las reflexiones son intensas, hechas con el corazón y a veces no sabes si estás leyendo a Stavros o si el autor se ha convertido en Stavros. La catarsis es natural en cada aventura y en cada trago amargo del muchacho. Al final encuentra a otro personaje que casi como un ángel  lo invita a sobrellevar la vida y con ello se siente una esperanza, es aquí dónde Stavraki ─ como le dice de cariño esta nueva persona ─ reflexiona una frase que cada vez que la pienso me hace creer en tanto:

“La bondad de un solo hombre es más poderosa que la maldad de mil.”

 Pero para este punto Stavros hubo de sufrir como nadie. De tener un corazón dulce e inocente, la vida lo transforma en alguien herido y atribulado, y por eso empieza a estafar a la gente y sabe que está mal, pero simplemente se ha resignado. Y no sé si puedo dejarlo en claro, pero por detrás, Panaít el escritor responsable, estaba llevando una existencia casi igual, hundida en la depresión, y Kyra Kyralina que es su obra más conocida, también lleva en si misma otra historia, la de las penas del escritor que resolvía sobre el escrito. Es difícil conseguir el libro, pero esa novelita, tamaño de bolsillo, y de apenas ciento cincuenta páginas se ha convertido en un verdadero tesoro para mí. Yo cada vez que la leo, siento que me rebasa y simplemente quisiera dejar escrito algo así.

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