Delirio esquizoide

Miro a mi interior mientras levito en esta cálida neblina,

ya siento como el cuerpo se exime y el alma se traspasa.

Después nada percibo… solo el vacío… el silencio…

la paz que me reconforta con su aura etérea y sanadora.

Los dedos se hacen raíces,

el cuerpo… roca,

la sangre es agua limpia,

los ojos son lumbre,

la voz… un trueno furioso,

y el corazón ahora es de metal.

La metamorfosis también es por dentro :

la ambición se vuelve esperanza,

la inteligencia es amor propio,

el desprecio pasa a ser prejuicio,

el dolor se convierte en templanza.

En el aire suena una carcajada que raja mis nervios y me hace estremecer, después me acuerdo que yo fui el que se rió.

Mi espíritu se  tambaleó y eso me hace sentir estúpido… vulnerable, y repentinamente todas las dudas que creías haber redimido regresan a envolverte en un lánguido abrazo de espinas.

¿ Por qué la incertidumbre clama respuestas imposibles?

En esa agonía de ignorancia debes resignarte mientras contemplas como la neblina se intensifica, hasta convertirse en algo mas revuelto que una tolvanera.

La humareda fatídica empieza por ahogarte, ya no es algo homogéneo, si no un capricho de la percepción, es ahí cuando sientes colapsar el templo de tu carne, y debes adolecer con la terrible sensación de sentir el cuerpo morir.

Tus dedos se hacen polvo,

el cuerpo se convierte en un limo repugnante,

la sangre se vuelve vitriólica,

los ojos se inmolan , después enceguecen,

tu voz es una brisa sorda,

el corazón se desmorona.

Además…

la inteligencia se vuelve arrogancia,

el desprecio se convierte en ira,

el dolor se hace amargura,

y la ambición se transforma en frustración.

Pero en tu misma desesperación consigues repudiarlo todo, y concibes tu propia idealización del orden de tu existencia.

Entonces la niebla de disipa, y consigo regresar al mundo gris dónde vives tú.

….

El lugar que tal vez solo tú puedes iluminar…

Daniel Soto

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