Cadáver de memoria

Una tibia luz rajó el aire con su fulgor. Mis pálidos dedos trataron en vano de tocarla pero aquel brillo me esquivó. Así que volví a contemplar al extraño edificio que tenía en frente. Majestuoso en arquitectura, un osario de marfil se alza ante mí. Imponente y vanidoso de ostentosa perfección, exhibe unos muros enriquecidos con enigmáticos arabescos y voluptuosos relieves. Su contorno deslumbra mis parpados y la visión que me ofrece es poco menos que la de un delirio. Ese misterioso monumento tiene un secreto. Más allá de las níveas paredes y sus limpias columnas yacen enterrados oscuros moradores: yo los encerré ahí.

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