

El sábado antepasado, te teníamos aun con nosotros Arya, pequeña. Ya teníamos varias semanas que estábamos sufriendo contigo, tu enfermedad renal había sido la mayor razón de nuestras preocupaciones. Con la visita de mi cuñado y hermano de Jemmy aprovechamos para hacer un viaje que habíamos pospuesto por tu salud las semanas pasadas, pero aprovechando el cumpleaños de Josías y sobre todo esa ansia de nosotros de verte animada y feliz como te conocíamos , es que decidimos lanzarnos.
Verte allá disfrutar de cada charco de agua cristalina, de la hierba verde y del aire fresco de montaña nos trajo la bella reminiscencia de un acomodo en nuestra rutina y una mejora en tu salud. Jemmy y yo lo platicábamos y a pesar de tener un último año turbulento, el verte con bien era realmente el centro de nuestras esperanzas. A eso nos aferrábamos a verte bien a sentirte tu, como eras, libre, feliz, alegre y enérgica. Extrañábamos tanto verte corriendo chiquita; extrañábamos verte libre. Al final de ese día regresamos felices y plenos y tu animada en el auto venías con esos chiflidos tuyos y hasta un poco de elote y de carne asada comiste ese día.
Comenzamos la semana y con la recomendación del veterinario, te llevamos a sueroterapia para diluir la urea que te estaba envenenando y qué estaba dañando pancita y apetito. La primer noche que fui por ti te notamos decaída pero aun así confiábamos qué esto era porque estabas cansada y qué pronto mejorarías.
Después nos avisaron de una tragedia familiar y tuvimos qué irnos corriendo a Tampico a la mañana siguiente, después de planificar de manera improvisada el seguimiento de tu tratamiento. Así te encargamos a mis hermanos y confiamos qué los veterinarios harían lo suyo y al regresar te tendríamos con nosotros mas recuperada.
No sabíamos qué dejarte en esa jaula y esa breve despedida sería la última vez que te tendríamos cerquita con vida.
Después del funeral de Tampico, estábamos en un estado de cansancio y preocupación lejana y la tristeza y evocación que acompañan a la fatalidad. En paralelo, teníamos un constante seguimiento a tu salud con mis hermanos por WhatsApp pero esto iba sembrándonoslos dudas de tu salud. No querías comer aun, y empezabas a vomitar todo lo qué te daban nuevamente. No entendíamos como era qué la terapia no estaba funcionando.
El sábado, mis hermanos me escribían qué no te levantabas y aunque hiciste un intento de estar abajo con los pajaritos, es qué te volviste a regresar a acostar a tu lugar. Mi hermano Paco nos comenta que si queríamos hacer videollamada y lo aceptamos. Nosotros estábamos en la playa de Miramar acompañando a la familia, y te vimos por la pantalla muy recostada, chiquita, observando y no observando, escachándonos y no escuchando, nuestras voces sonaban a ecos qué no llegaban a ninguna parte, tus orejitas apenas y reaccionaban. Colgamos la llamada esperando que solo quisieras descansar más… y era cierto eso querías. Decidimos regresarnos de inmediato porque una sensación de preocupación nos comenzó a agobiar. Llegando a nuestro cuarto en la casa de mis suegros es que me marca Paco de nuevo y nos da la noticia.
Ya no habías resistido y te nos habías ido.
La noticia nos cayó en lo mas hondo. Yo que no estoy acostumbrado a llorar y que muchos años me sentí incapaz de hacerlo, lo hice, a raudales, con un sentimiento terrible de impotencia y dolor que se desatoraba de mis pulmones y brotaba por mis sentidos. No lo podíamos creer.
Lloramos, te lloramos, pequeña, juntos Jemmy y yo, los testigos y guardianes de tu memoria, los poseedores de cientos de fotos y recuerdos tuyos y de tanto amor y cariño qué ahora no sabemos donde poner.
La culpa de dejarte solita, de qué te sintieras abandonada, de darte semanas de pastillas, comida y suplementos obligados, de pensar en el dinero gastado, de molestarnos contigo por pensar qué no cooperabas, de no saber si pudimos hacer mas, todo eso revoloteaba y nos quemaba el corazón, el corazón que se aferraba a la realidad y que no reconocía esta irrealidad.
Regresamos tan pronto como pudimos. Ya era noche, y 600 km nos separaban de ti. El horizonte se miraba oscuro, tenebroso, relampagueante y nadamos avanzar dos horas, nos golpeó un aguacero que pintó en mi cabeza trágicos escenarios y visiones nubladas de la carretera. Esas 9 horas de regreso con la lluvia a tope, la neblina amenazante y la oscuridad comiéndose mis ojos se me hicieron eternas. Entre las nubes negras, y las luces cegadoras de los camiones yo veía tu carita y tu silueta corriendo en la playa. Al final lo hicimos y llegamos a casa de mis papás a las 5:40 de la mañana del domingo y mi familia me recibió con llanto y sombra. Recuerdo con dolor las lagrimas de compasión de mi mamá, y las de arrepentimiento de Ale y de una culpa que me lastimó porque él se imagino que pudo hacer mas ( a el le tocó ver a Arya desvanecerse). Hermanito no tenías porque disculparte, yo se que te dolía demasiado y que hiciste lo que pudiste.
Pasamos Jemmy y yo, para ver tu cuerpecito tendido en la terraza y no podíamos creer que allí estuvieras. Acostada, tranquila, pero con tu boquita en mueca de dolor. No sabíamos cuando te dolía todo, quisiera pensar que mas allá de lo que vimos te sentías mejor antes de partir, pero mas que todo quisiera pensar que al final siempre te acordaste de nosotros y que si tenías presente que te amábamos y que nos reímos y que fuimos muy felices contigo. De verdad quiero que donde estés eso sea lo único que pienses, porque al tocar tu cuerpecito frio, al ver tus ojitos semiabiertos y al no reconocer esa rigidez e inmovilidad en ti, es que nos volcamos a llorar desconsolados de nuevo.
Habíamos llegado contigo, por fin. Ojalá hubiéramos salido antes de Tampico, ojalá te hubiéramos visto con vida. Ojalá la vida aun nos hubiera abierto las posibilidades de recuperarte y disfrutar muchos mas tiempo de ti. Te fuiste muy pronto, solo 6 años y de esos solo 4 años y medio conmigo. A jemmy le partió mas el corazón, tu estuviste siempre para ella, al ayudaste a seguir y salir del dolor en el que vivía, la ayudaste hasta que yo llegué y entre los dos salimos adelante y nos dimos tanto amor los tres.
Yo ya había planeado que hacer con tu cuerpecito, teníamos que llevarte a Astillero aunque sea una ultima vez, no perdimos mucho tiempo y te cargué una ultima vez a la camioneta de mi hermano. Tu cabeza suelta chocó con la mía y un soplo de tu aliento me llegó a la nariz. El aroma breve a muerte me lastimó, la rigidez en tu cuerpo me jugó una mala pasada y a punto estuviste de resbalarte de mi. Te subimos a las cobijas y envueltita en otra manta Jemmy y yo te acompañamos en la carrocería de la camioneta.
«La mañana está terriblemente hermosa y triste», le comenté a Jemmy mientras veíamos el camino a Astillero asomarse entre la neblina de ese día y el aire frio no mordía la cara. Yo nadamos pensaba «falta tanto para llegar» y mi apuro estaba más en estar en el lugar y no tanto en disfrutar el camino contigo y ahora que lo pienso me da culpa, porque yo solo quería bajarte y tenerte en tu lugar favorito, o al menos en uno de tus lugares favoritos, porque el otro es la playa de Tampico. Al final llegamos a Astillero y entre una bajada de lodo y agua logramos estacionarnos en el lugar que tu habías disfrutado apenas un domingo atrás.
Mis hermanos y mi cuñado trabajamos en tu tumba. Nos turnamos el pico y la pala para hacerte tu sepulcro, y después de batallar con la piedra, la tierra apretada y la dureza del suelo, es que te acomodamos unas tablitas para formarte una cajita. Por su parte Jemmy camino con toda la tristeza y melancolía que le cabía en la vida. Te escogió las flores mas bonitas qué encontró en el camino y las levantó con la devoción más hermosa que su rasgado corazón le permitió. Te bajé, junto a mi hermano Chepo con todo el cuidado y respeto que merecía tu cuerpecito y te coloqué cerca de la tumba, para ello jemmy te había cubierto de flores y quedaste hermosa chiquita. Te tocamos una ultima vez y miramos tus patitas y tu cabecita adornadas por esos colores. Te llevamos a la tumbita y te enterramos con la mayor de las calmas que nos permitía la ocasión. Intentamos no cubrirte tu carita como aferrándonosla a la visión de tus ojitos hasta el final. Al final te tapamos con una tablita y te colocamos mas tierra, unas piedras pesadas y tabiques para que ninguna animal se atreviera a husmear en tu sepultura. Te adornamos tu tumbita con unas flores de un quiote derrumbado y yo te traje una planta con flores azules y te puse un cactus que ya había sembrado meses antes.
Así quedo tu tumbita terminada.

Te quisimos dar el lugar mas bonito posible, uno digno de tu memoria y cerquita de tu felicidad y plenitud en vida. Te buscamos una vista bonita para que no nos pierdas cuando te vayamos a visitar y cuando nos vayamos a explorar. Esperamos que nos acompañes cada que estemos por allá y te prometemos siempre visitarte y dejarte un abrazo y un beso hasta donde estés.
Te amamos Arya, te amamos demasiado. Nos haces falta y siempre nos harás falta. La casa se siente vacía, nosotros nos sentimos vacíos. Cargaremos siempre con esta herida donde va tu memoria. Ojalá te hubiera podido abrazar más y cuidar mejor; ojalá hubiera podido tenerte más paciencia y haberme exasperado menos; ojalá te hubiéramos visto envejecer; ojalá hubieras podido conocer los bebés que Jemmy y yo soñamos tener un día.
Desde que estoy con Jemmy la vida me había parecido hermosa (con todo y sus reveses) y nunca había abrazado tanto la idea de existir. Ahora si algo me puede consolar cuando deje esta vida, es que sé que definitivamente te voy a ver, es algo que ahora deseo y sueño. Solo que se siente qué falta mucho.
Por mientras te extrañaremos demasiado y seguirás con nosotros por siempre. No solo Jemmy y yo tendremos esta tatuaje indeleble de tus recuerdos, muchas personas que también quisiste se quedaron con tu figura marcada en sus corazones. Mis hermanos te cuidaron mucho ese día y conmovido estoy de todo lo que hicieron estos días por nosotros. De verdad ,pequeña, fuiste amada y fuiste la mejor.
Hasta pronto Arya y descansa en paz. Levántate a correr de vez en cuando, toma mucha agua del rio, y ten un poco de paciencia porque aun nos falta un rato grande por acá. Nunca dudes qué algún día volveremos a estar juntos los tres.
Con todo el amor Dany y Jemmy.


Deja un comentario