Toni Daelso

Ayer, Toni Daelso tomó a mi mujer. La trató como a un pedazo de carne, la azotó y penetró sin cariño, sin ternura, lo hizo en el puro ejercicio mecánico de la fornicación. Me rompió el corazón ver que ella lo disfrutaba; Toni me obligó a verlo todo.

Hoy, Toni me ha seguido por cada rincón de la oficina ¿Por qué tenía que trabajar con él? Es una maldición. Sus ojos centelleantes me recuerdan lo horrible de la noche pasada. En las comisuras de sus labios veo la burla y la humillación que no se atreve a expresarme, para él sólo con sugerirla es suficiente. Peor aún, ni el consuelo de una rutina “eximidora” puedo darme, no sé que ha dicho él, pero ahora todos mis compañeros me quitan actividades. Ya nadie me pide ayuda, sólo se la piden a él; me siento inútil. Mi jefe nos llamó hace un rato para felicitarnos por el progreso del departamento: yo le he mirado extrañado, pero Toni se regodeó con las adulaciones.

Antier, fue la primera vez que platiqué con Toni. Cansado de que me acosara decidí plantármele de frente. Descaradamente admitió que envidiaba todo lo mío: mi trabajo, mi casa, mis amigos y mi mujer. Traté de manejar la situación, pero me sentí rebasado cuando me expresó sus intenciones: él quería robárselo todo. Lo tomé como una mala broma y hasta imaginé que en el fondo solo quería hacerse mi amigo ¡Si! ¿Amigos él y yo? Eso imposible. Primero muerto o… mejor aún: él.

Mañana, debo hacer algo. No puedo esperar más tiempo porque me da miedo que Toni en verdad cumpla su cometido ¿Qué será bueno? Pensaba hacer que lo despidieran, pero eso no me libraría de él en los otros aspectos de mi vida. Definitivamente debo deshacerme de su presencia; no lo soporto en mis cercanías. Lo más horrible es ver cómo se adueña de todo lo que quiero y todo lo que tengo a cada minuto. Ya lo decidí, mañana, cuando salgamos del trabajo, lo llevaré a su casa y entonces lo estrellaré en la carretera.

Pasado mañana, solo existirá Toni; eso me temo. Ha demostrado ser un mejor yo, que yo mismo; ha sabido lidiar con todo lo mío y ganárselo después. Mi mujer se comporta rara, mis amigos igual. Parece que se han habituado a él. No quiero admitirlo, pero casi estoy seguro de que lo prefieren en lugar mío. Todo eso me lastima, creo que no me necesitan ya. No quiero renunciar pero que puedo hacer. Quisiera seguir intentando deshacerme de él, pero me doy cuenta que soy un cobarde, por eso vivo postergando el mañana. Debo hallar una chispa que ayude a mi frágil valentía a alzarse sobre mi pasividad, porque yo sé que Toni no descansa y, si no lo detengo, un día emergerá como el dueño de todo.

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