
Noche a noche, algunas personas han desaparecido del pueblo. Nadie se da cuenta, solo yo. Cada vez entra menos gente en la iglesia, los mercados están vacíos y el silencio se va adueñando de las calles. Lo noto en las mañanas cuando camino con mi porquería supervisando la vida en la plaza. Miro con atención cada rostro, me guardó sus sonrisas y sus palabras porque sé que, tal vez después, ya no los volveré a ver. Conozco al carnicero, al doctor, a la señora de los mil hijos, a los borrachos y al alcalde, pero de mi nadie repara: soy la vergüenza del pueblo; el asco caminante. Solo una persona se digna a corresponder mis ojos y en ella he encontrado el único amigo que poseo; el único que comparte mi sufrimiento.
Él no tiene idea de que cada noche, es una noche menos en nuestra agonía. Aunque hayamos evitado el tema, sé que tiene la misma herida en su corazón. Me doy cuenta cuando lo veo despedir a los feligreses después de la misa. Entonces, la bola de gente recibe silenciosa la última bendición y luego se marcha. El padre los mira con compasión, aun sabiendo que la mayoría acabará en las cantinas y en los puteros. Pero el sigue intentando meterles la luz, aunque los años le vayan chupando las carnes, y los “borregos” se le escapen todos los días del rebaño. Creo que la única solución es que todos nos desaparezcamos del pueblo.
¿Puedes controlar lo que sueñas? Porque yo sí: ¡Es maravilloso! Cada cosa que hago dormido, me doy cuenta que puedo cumplirla al despertar. Creo, eso es mejor: Para qué intentar dominarte en sueños si la realidad es más interesante. Hoy cumpliendo precisamente una de esas fantasías casi me descubren. Me asusté un poco, debo confesar. Nunca había fallado un tiro en mi vida y de repente soy el más estúpido de los pistoleros. Supongo que me vuelvo viejo, pero estoy a salvo, es lo que importa. Pronto, muy pronto, mi querido amigo, dejarás de sufrir; dejarás de intentar lo imposible. Dormiremos un día de estos sabiendo que ya no queda más para soñar: el pueblo quedará vacío. Porque, si aquí ya no existe el amor, no tiene caso que vivamos ahogados en la miseria ¡Mejor que no exista nada!