Laberinto

El “¿Por qué escribes?” podría ser la pregunta más esencial que debería plantearse alguien cuyo objetivo sea consumarse como creador literario. Me han hecho esta pregunta muchas veces, naturalmente, me la he hecho yo incluso más. Siempre evito dar una respuesta directa y, en la ambigüedad y lo abierto de mis palabras oculto algo que no sé cómo decir ¿Cómo justificas o describes lo que traes por dentro? ¿Lo que realmente te remueve? Yo creo es imposible. Lidiamos con sentimientos que están adheridos a ideas y conceptos más inmensos; cosas que nos superan y que tal vez siempre lo harán.

Escribir, para mí, es más tormento que placer. Es una necesidad de reafirmar tus dudas y emociones sobre escenarios disfrazados. Se trata de ti ─ siempre de ti ─ tratando de ahondar en un abismo insondable dónde te pones a prueba contra ti mismo; dónde expones tus esperanzas, razonamientos y tu propio corazón tratando de modelar con letras tu personalidad turbulenta.

Al final siempre quedarás golpeado por el peso del mundo. Es doloroso hallarte con una hoja de papel en blanco, con un lápiz y con una idea. La idea puede ser infinita, pero tú has de darle forma con tu alma imperfecta, llevándola probablemente a exponerla como algo mediocre y alejado del sentido que querías expresar ¿Y todo para qué? Para legitimar tu madurez y validar tu propio progreso. Así parecería; uno intuiría que escribir es un ejercicio inútil pero no, esto es un error, hay mucho que se puede ganar con ello.

Hacerlo, es como andar a oscuras por un laberinto lleno de enredaderas; dónde no sabes por dónde vas, o siquiera si existe alguna salida. Una vez tomada la determinación solo avanzas como si se tratase de un acto de fe. Al final de cada intento te hallarás corrigiendo lo escrito, juzgándote y criticando con severidad cada línea, cada párrafo, cada cuento terminado: ¿Era esto lo que quería decir? Al principio te dirás siempre que no; después tal vez lo sigas haciendo, pero seguro la constancia y la disciplina te irán afinando lo suficiente como para redondear mejor tus ideas e irlas plasmando cada vez con mayor acierto.

Por unos instantes te sentirás victorioso con cada cuento terminado, entrará en ti la idea de que has hecho algo bueno y verás un poco mejor al escritor que quieres llegar a ser. Probablemente regreses después a revisitar los textos y los encuentres de nuevo absurdos, plagados de errores, y sobre todo tontos ─ puede que hasta te avergüences de ellos ─, entonces los modificarás hasta creerlos de nuevo terminados. Luego, volverá a pasar lo mismo y así estarás encerrado en un ciclo que imaginarás infinito. Pero, en algún punto, más adelante, aunque no lo parezca llegará esa certeza de que ya no les sobra ni les falta nada. Así encuentras tu estilo y la voluntad de seguir.

Entre más lo hagas, más irás dejando esa preocupación de sentirte expuesto en cada obra, de delatar tus sentimientos y tus posturas. Encontrarás mayor seguridad, dejará de importarte el juicio del lector y pondrás por encima tu criterio y la necesidad de imponer tu opinión. Así debe ser. Como creadores no debemos dar concesiones ni ideas de las que no estemos convencidos, debemos defender eso, siempre.

Creo, ahora que pienso bien, que escribo porque me revitaliza el ver materializadas las historias que me saco desde adentro. Así percibo que cada vez modelo un poco mejor el universo que hay dentro de mí. Quiero ponerme a prueba, aprovechar mi tiempo sin esperar nada de nadie ni del mundo; pero intentando aprender y construirme lo más posible en el trayecto. Escribir es una parte importante de todo ello, me hace vaciar la aurora a través de los dedos; me hace sentir. Realmente me gustaría que todo mi conocimiento y experiencia en cada momento bonito, amargo y doloroso que he vivido, termine preservado en libros que estén a la altura del legado que deseo conseguir, uno como el de los hombres y mujeres que admiro tanto. Así sabría, antes de irme de aquí, que aproveché y me acerqué lo más posible a esa verdad ecuménica que ha atormentado y atormentará por siempre a todos los hombres: ¿Tiene algún sentido vivir? Por ahora no sé. Solo quiero seguir intentando para ver si más adelante puedo decir lo que ahora es indecible.

Deja un comentario