
Vamos juntos a la aventura… otra vez. Las cosas han ido mal ─ muy mal ─, y tengo fe que este viaje nos ayudé a encontrar la luz; en serio tengo fe. Pasó por ti a tu casa: estás radiante. Platicamos en el camino; primero indiferentes y luego nos animamos. Empezamos a reír: sin duda será un buen día. Hemos coincidido con el mejor de los humores y nuestras emociones arden por el otro. Disfruto la carretera; tu compañía; las ansias de una tarde y su noche contigo. Me doy cuenta que sientes lo mismo y eso me llena. Al irnos acercando al destino me pongo serio. El lugar al que te llevo es muy especial y cuando entramos por su camino todo se termina por volver magia. Avanzamos lento por la cuesta empedrada, rodeada de verde, nubes grises y bosque. El silencio reina en el aire; parece como si la gente hubiera desaparecido y solo fuéramos nosotros en la carretera. Nosotros y solo nosotros; así como deseo.
Llegamos al pueblo; vamos a comer. Te llevo a conocer mis lugares favoritos. Te cuento un mundo de cosas, me escuchas, te siento a gusto, contenta. Los besos, los abrazos, y las caricias nos sobran ese día: es todo perfecto. Vamos a meternos al bosque. Te acompaño a tomar fotografías. Una lluvia suave comienza a caer. Nos agarra la noche en ese bosque misterioso de senderos azules y arboles infinitos. Regresamos con la hojarasca crepitando bajo nuestros pasos. Emprendemos el camino de regreso.
La noche es profunda y así bajamos del pueblo a la carretera. La vereda es sinuosa como los rizos de tu cabello. Me siento rebosante de energía. Percibo tu ser anhelante; percibo que me percibes anhelante también. Nuestras manos se encuentran a cada rato; juegan con el cuerpo del otro delatando las ganas de más. Todo ha salido mejor de lo que esperaba. Espero que sea el inicio de un reacomodo en las cosas; de una reconexión de nosotros. Tengo el aroma de las arboledas en mi nariz. Sé que de aquí en adelante este mismo aroma lo asociaré con este momento. Entonces el olor del bosque ya nunca será olor a árboles: será olor a ti; será olor a mí; será la esencia de un sortilegio del que solo sabremos tú y yo.
La tarde fue para los dos y la noche lo será más. Con eso en mente vamos felices en el regreso. Me pides que me orille de la carretera cuando tenga la oportunidad. Me quedo intrigado. Cuando detengo el auto, sales por la puerta y luego salgo yo a encontrarte. Estás de pie viendo la noche. En cuanto me acerco te rodeó con mis brazos y siento entonces como te haces para atrás para acomodarte con mi cuerpo. Tu espalda está en mi pecho, mis manos en tu vientre, mi cara junto a tu cara. Nos veo como las piezas de un rompecabezas que solo de esa forma puede embonar. Me dejó llevar por el instante. El cielo está estrellado, limpio; ya no es tormenta. Las luciérnagas empiezan a corretear por todos lados. El aire refresca, trae el rumor del frío que se avecina; del frío que no queremos saber, porque estamos con el calor del otro y en ese calor nos queremos quedar. Nos decimos palabras, palabras bonitas; pero no son importantes, lo que importa es la paz que sentimos y que ya no esperábamos conseguir; nos aferramos a ella como a un tesoro. Decidimos volver al auto. Aunque vayamos de vuelta, seguimos en nuestra nube, siendo lo que éramos pero yendo a dónde no sabemos que esperar ni que vamos a ser. El camino nos engulle y el hechizo que fuimos hace solo unas horas se va quedando atrás de aquel viaje. Vamos cambiando los paisajes que nos deleitaban por otros tan diferentes: grises, secos, marchitos. Empieza a aparecer la gente, los autos, las casas. Todo va cambiando. La realidad nos golpea mientras volvemos al mundo al que no sabemos si queremos regresar.
El viento ya no huele a hojas: huele a tiempo que se desmorona; huele a olvido. Los sentimientos que llenaban mi pecho y me hacían vibrar ya se van volviendo recuerdos: unas imágenes preciosas dónde estamos juntos; dónde somos. Aunque ahora vayamos de regreso a la ciudad y te tenga a mi lado no dejó de tener esas memorias clavadas en mi mente; memorias que se desvanecen; memorias que no se repetirán; memorias que ya estoy extrañando.